martes, 15 de febrero de 2011

Dos Noches en Una


Dos vidas en una noche
Dos momentos paralelos,
Uno en tu dulce lecho,
Y el otro con frio y sin besos.

Noto tus gemidos,
Esos que me muerden el tímpano mientras sonrío,
Siento el fuego de tu piel,
Como se pierde en esta noche de hielo.

Tengo sed de beberme tu mirada,
Mientras un sujeto se emborracha del curaçao de tus ojos
Tengo hambre de comerme tu piel,
Mientras el borracho no deja ni los despojos.

Empiezas lo que acabas de acabar,
Y yo empiezo a odiar, a ese hombre sin cara con el que estas,
Conviertes el invierno en tu verano,
Y yo tirito entre la gente siempre en vano.

Blasfemas sobre Dios entre gritos de terror,
Y yo grito en silencio tu nombre en mi interior
Tu viaje es sublime en tu habitación
Y yo viajo lejos para morirme en un rincón.

Todo se acabó,
Todo ha terminado,
Tú ahora tienes un final feliz,
Y yo en cambio, un final desesperado.

Zopenko Smith

jueves, 18 de noviembre de 2010

Silencio


Son las palabras inteligentes que se aferran a mis dientes y mueren en mi boca,

Las que nunca he podido pronunciar en tu presencia,

Son las frases bonitas y bellas que se pierden en mi garganta,

Las que me muerden la campanilla cuando me miras.


Grito en silencio tu nombre grabándose a fuego en mi lengua,

La que juega al escondite con tus ojos.

Me relamo estos labios secos que solo tú podrías mojar,

Con ese beso que rompería mi silencio para siempre.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Sarah


La lluvia caía incesante en la ciudad dormida. Los ronquidos ensordecedores y malditos reinaban la casa, y Pepe que no podía dormir se removía en su habitación adormilado, medio soñando, medio despierto y jugando con las imágenes que deleitaban su mente. Aquellas imágenes que bailaban delante de él con alegría, penetrando en la oscuridad hasta invadirla.
Al día siguiente Pepe se tenía que enfrentar al primer día de clase después de un largo verano, eterno para él, ya que deseaba con todo su ser que llegara ese día. Era un día especial, un día que se había presentado ante él con torpeza y timidez, pero que al verlo respirar junto a él, parecía haberse presentado con prisas descuidadas.
La noche besó al día, en un beso largo, tendido y apasionado, que atemorizaba a las nubes hasta hacerlas desaparecer.
Los ojos de Pepe no se habían cerrado en toda la noche, pero igualmente consiguió mantener la habitación iluminada con sus sueños.
El cansancio parecía no hacer mella en él, no había dormido, no había comido, pero él se había alzado imperioso en su cuarto preparado para golpearse con la realidad. Se alimentaba de combustible diferente que los demás, un combustible llamado Sarah.
De camino hacia la escuela, y con sus últimas reservas, logró crearse una muralla inquebrantable en su mente. No era una muralla para defenderse del exterior, era una muralla que le encerraba en sí mismo, para evitar ser dañado, para evitar que, en un acto de plena locura, pudiera robarle un beso a su querida Sara. Aunque él lo estuviera deseando con fervor, aquél momento tenía que esperar, si quería conseguir su propósito tenía que escalar ese árbol con pasos firmes y seguros, o se podría caer y no poder escalarlo nunca más.
Pepe, sus pensamientos, sus sueños, su mundo y su muralla atravesaban la puerta del colegio con mucho tiempo de antelación respecto a las clases. Después de una larga espera, aligerada chapuceramente saludando a sus amigos. Sara hizo acto de presencia, pero no uno cualquiera, sino el acto de presencia.
Todo lo que ella tocaba parecía más bello de lo que era, con esa amplia sonrisa adornada con aquellas perlas blancas, aquella mirada serena y brillante, que rezumaba verde esmeralda para enamorar, y aquella cabellera que bailaba con el viento.
A Pepe se le heló el corazón, su muralla sufrió una gran sacudida y se encontró delante de ella, alimentándose de su sonrisa, bebiendo la leche de su piel, y habiendo dejado lo mejor para el final, se comenzó a bañar en aquél mar de esmeralda.
La muchacha se le quedó mirando con esa mirada curiosa, que a él tanto le agradaba, y cuando iba a regalarle algunas de esas palabras que Pepe guarda con sumo cuidado en su mente, él la calló con un beso.
Un beso dulce que le arrancaba lágrimas de felicidad, un beso apasionado que había construido un castillo en su muralla en donde vivirían para siempre, un beso breve, ya que duró hasta que ella se apartó y le abofeteó.
Cuando Pepe cayó al suelo, junto con su derruido castillo, su muralla destrozada y su cara sin un gramo de dignidad. La vio a ella de pie con cara de sorpresa, parecía que estaba a punto de ayudarle, pero su cara se convirtió en enfado y Sara se fue llorando con la confianza y la amistad de Pepe sangrando por el camino.
Pepe se puso de pie y se sacudió los pantalones. Todos se reían de él, pero para él todas eran risas mudas, risas en blanco y negro.
Se puso a caminar con paso firme, no hacia la calle, sino hacia la clase donde sabía que ella iba a estar. Una sonrisa se dibujo en su rostro recordando aquél beso que se había grabado a fuego en su alma, y comenzó a construirse otra muralla, esta vez mucho más fuerte que la anterior, que le serviría para poder empezar a escalar el árbol desde los cimientos sin caerse y a una velocidad jamás vista, porque ya se conocía el camino.

jueves, 9 de septiembre de 2010

El Cruasán


Ayer, comencé a currar como otro día cualquiera, saludando a mis compañeros, saludando a los clientes, y pasando rápido por delante del despacho del jefe para no verme llegar tarde. Después de esto pasó una horita haciendo mis quehaceres de trabajo y aprovechando para desayunar.

Y entonces fue cuando llegó, parecía notar temblar las paredes cuando se acercaba trotando hacia mí y justo cuando lo tenía delante de un manotazo lo oscureció todo. Un golpe en la cabeza me obligo a abrir los ojos, y lo vi todo de lado.

Me incorporé y miré a mi alrededor, por suerte nadie me había visto, miré a la pantalla del ordenador, o lo que se llame ese tubo verde-negro con carcasa, y comencé a observar las letras y los números, que pronto se convertirían en letrúmeros.

Un comentario de un cliente consiguió captar mi mermada atención “Ey jefe, vigílate a los empleaos que se te duermen…”, y suerte que mi mente brillante tuvo una reacción rápida dentro de la lentitud de mis actos “Perdone Sr. Francisco, no estoy dormido, estoy concentrao…”, y hasta ahí tuve la decencia de hablar cuando me dí cuenta que me había pillado con la boca abierta, con los ojos semi-cerraos y semi-mirando la pantalla en un punto fijo.

Ya no podía más, me fui al lavabo, me lavé la cara, me pegué una bofetada (de esas que suenan), y me dirigí de nuevo hacia mi puesto de trabajo (que en ese momento era lo peor que me podía pasar, estar sentado y con poca faena).

Cuando me senté, mi lugar de trabajo parecía más amplio y con más luz. Bien, parece que mi método despertador funciona. Me dispuse a copiar unos pedidos a boli, y de repente lo noté, aquél temblor que me acechaba, que se acercaba, que me echaba el aliento en la nuca…intenté esforzarme por abrir los ojos al máximo y me concentré sobremanera, pero mi escritura me delataba, lo que había comenzado con una palabra, se había metamorfoseado convirtiéndose al final en una línea.

Me levanté de aquél lugar tan tenebroso, huí de aquella bestia que no paraba de perseguirme, que todavía me podría estar acosando durante horas, me planté en el vestuario y cerré la puerta, echando incluso el pestillo, atemorizado.

Fue entonces cuando aquél santo grial se presentó ante mí. Como un recién nacido, en su cunita arropadito, un cruasán enorme acurrucado entre papeles de panadería, con unos cuernos que aterrorizarian hasta al torero mas valiente, con aquélla cremita por encima que brillaba con la luz fluorescente, con aquél tacto que podrías hacer fácilmente una bola dulce y sabrosa de mejunje cruasanil.

Si yo fuera creyente lo adoraría, me arrodillaría ante él. Si yo fuera cariñoso lo abrazaría con todas mis fuerzas hasta que esos cuernecillos se tocarán entre sí.

Pero en aquél momento me tocaba ser carnívoro.

Lo devoré, me lo comí, lo dentellé, se volatizo ante mis dientes, lo arropé con mi boca, lo succioné, lo descuarticé, y fue entonces cuando por fin pude abrir la puerta y afrontar lo que quedaba de día, tranquilo porque sabía que con mi mega cruasán protegiéndome no habría monstruo ni fiera capaz de acercarse.

PD: Por problemas técnicos con mi móvil, la foto original no la he podido subir, alomejor próximamente....

jueves, 2 de septiembre de 2010

Descuartizado


Muérdeme, come de mi carne,

que solo con tu aliento yo puedo respirar.

Golpéame, reviéntame,

que con el tacto de tu piel a mi me basta para explotar.

Córtame, pínchame,

que si mi sangre te acaricia yo ya estoy feliz.

Córtame la cabeza, dególlame,

haz que tu imagen permanezca para siempre en mí.

Ahógame, mátame,

que mi último beso en tus manos sea lo más cerca que estaré de ti.