domingo, 23 de octubre de 2011

Niña de Ébano




El imán de tu boca me grita en silencio que me acerque, que te bese, con esas curvas perfectas que atormentan la calma de mi lívido. Me has poseído con tu presencia, y has conseguido despertar en mí la fiera que dormía, esa fiera que me domina y que te tiene entre sus brazos, mientras yo atónito solo puedo que ver cómo te hago sin hacer, lo que mi cuerpo hace a su antojo.

Eres como una niña de ébano, que me sonríe desde lo más alto de tu patio de dibujos animados. Mientras me aprisionas con tus grilletes de deseo desenfrenado deshinibidamente desordenado.Juegas con tu fruto en mi rama, y así poco a poco la locura en la cama se me derrama.

Bob esponja me observa receloso desde la chaquetilla peluda del suelo, estoy siendo subordinado en su cama, mientras un dulce olor a jengibre de peluche me empalaga.

Despierto de mi pequeño sueño de marioneta, y giro las tornas, haciendo estallar la tormenta de tu cabecera en el sueño del vecino anciano. Después vino la calma, solo corrompida por tu canto de sirena intermitente que elevaba hasta lo más alto mis ideas de bajos fondos.

Con aquella risa de cruela de vil descontrolada y tu alegría sudorosa de placer redomado, acabé por vaciar todo el bote de nata montada para nadar entre las curvas de tu cuerpo afresado.

Zopenko Smith

domingo, 9 de octubre de 2011

Poeta del Pasado


Solo entre estas cuatro paredes veo como me fundo, con la gente que me rodea que observa lo que escucha. Un hombre habla mientras yo me duermo, con esta pinta de clase nauseabunda cada vez temo más a la pesadilla que no al sueño.


Quiero ver, esas palabras, quiero sentir estas definiciones, quiero viajar hacia el pasado, y poder vivir como un poeta. De esos originales de las épocas de los siglos, quiero poder predecir que en el futuro nos sentiremos más oprimidos, que la vida va hacia donde no se hubiera imaginado, y en donde solo se piensa como en el juego del ahorcado.


Ojala pudiera intentar dar pasos de gigante en aquellas épocas de sellos de cera, antes que intentar dejar mi grano de arena mientras veo como se vuela. No tengo yagas en mis manos, ni sudor en mi frente, pero al menos tengo esguinces en mi cerebro acuático, por intentar nadar contracorriente.


Volaré con mis ideas hacia el horizonte nocturno, y entre mis idas y venidas conseguiré construir un templo de arena, que me transportará lo menos hasta Saturno.

Zopenko Smith