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lunes, 20 de febrero de 2012

Gota a Gota



Una gota tras otra retumba en mi cabeza proveniente del piso de arriba. Una cámara me está grabando como pierdo la vida poco a poco, o eso cree el que me capturó, porque si me hubiera querido matar gota a gota, me habría tenido que afeitar y sujetar bien la cabeza, cosa que no ha hecho. Pero lo que más temo es la grieta del techo por donde cae el agua, parece que poco a poco se vaya haciendo más grande. En esta hora que llevo despierto, parece que haya crecido unos centímetros, tiene pinta de que cada vez crecerá más rápido.

El tío este parece tan predecible, aún me veo paseando por la calle, en uno de mis paseos nocturnos habituales, y como torpemente un hombre me golpea en la cabeza con un bate, si, el mismo que reposa apoyado en la pared de al lado de la mesa del comedor. Me habrá arrastrado hasta aquí, me habrá sentado y se me ha puesto a grabarme, seguro que se masturbara viendo como muero, o eso creerá porque yo no voy a morir, al menos hoy.

Me ha atado fuertemente, no puedo escapar. Comienzo a pensar que moriré aquí, sin poder besar a mi mujer por última vez o abrazar a mi hijo con todas mis fuerzas…

El suelo bajo mis pies se derrumbó y caí. Tirado en el suelo, solo pude ver sangre que provenía del cuerpo que yacía bajo la silla, y un monitor en el que se veía una habitación vacía con un agujero en el suelo. Un montón de gente muda me observaba, un cartel que ponía “The Saw Smile” reinaba el comedor, y mi hijo se dirigió al cuerpo inerte bajo la silla, diciendo “Mamá, mamá”. Entonces una gota volvió a caer sobre mi cabeza.

Zopenko Smith

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miércoles, 18 de enero de 2012

Niños Asesinos



Me deslicé por entre la puerta abierta, y una clase abarrotada de nervios se me apareció. Moviéndose de un lado hacia el otro, formaban un murmuro constante que rebosaba por las ventanas abiertas.

La figura del diablo caminaba atemorizando a cada paso. Su sonrisilla malvada dibujaba una mueca rara en su rostro y su voz resonó para indicar el fin de nuestros recuerdos escritos.

Hoja a hoja, lentamente, un dominó de palabras juiciosas invadían la clase. Cuando las leí, fue cuando pasó. Justo en el momento en el que comenzaba a recordar, tres niños con cuchillos entraron en aquél infierno. Nos amenazaban furiosamente, con su cuchillo en el pescuezo. Poco a poco regalimaban pequeñas lágrimas infernales por aquél cuchillo temeroso, mientras tanto, intentaba recordar…

Los otros dos niños merodeaban por clase, endiablados, haciendo ruido y destrozándolo todo. Pero aquel niño me miraba fijamente con ojos de rabia, mientras mi vida jugaba con su hoja carmesí. Comencé a recordar… en mi mente desierta comenzaba a lloviznear.

De repente, un trueno atroz e ideal, partió la clase en dos. Dos niños cayeron por aquella enorme fisura, pero el que me amenazaba todavía me miraba con gran odio y rencor.

Le miré a los ojos, y me di cuenta que tan solo era un niño. ¿Qué diablos iba a hacer con un cuchillo, sino creer que juega?, así que me relajé e intenté conversar con él. Pero cuando me fijé bien, no lo pude evitar, cogí el cuchillo por la hoja, bien sujeto, de forma que aquella cruel hoja despiadada de plástico me hiciera un pequeño corte inocente.

Sonreí al chico y lo cogí de la mano. Me fijé que el otro niño todavía vivía, sujetado a la repisa estaba suspendido en el aire. Lo ayudé a subir, y también lo cogí de la mano, y juntos, se los entregué a aquél tío con dos cuernos malpeinados. El tío tenía la paciencia de un santo, puesto que por lo menos tenía a cien niños calladitos y buenos a su lado.

Ahora solo el silencio de pocos reinaba la sala, y yo, tranquilamente y con una sonrisilla de niño de feria grabado en la cara, me dispuse a salir por aquella puerta gigante, que otorgaba la libertad.

Zopenko Smith 

domingo, 19 de junio de 2011

Perro Sin Luna


Os voy a contar una historia de un perro abandonado, enamorado de una loba, que le roba su corazón helado. Loba en la noche, y sin que le roce, el siente sueños con su pelaje.

La luna llena se tapa los oídos, cuando el perro empieza con los aullidos, pero aun así nota sus lamentos como le perforan los tímpanos, repámpanos deja de intentar ser lo que no eres perro del demonio, déjame soñar con que puedo engañar a esta bella loba, luna boba. Luna ofendida se marcha rendida, y el sol resacoso se alza para unos solo, y para otros, hermoso.

La loba ahora duerme tranquila en una extraña madriguera, mientras perro solitario se mantiene vivo mientras escribo, pero temeroso de ahogarse en su mar de recuerdos, miedoso de despedirse de sus sueños y abatido por encontrarse solo sin sol, vacío sin luna y triste por siempre sin su loba.

Zopenko Smith

martes, 31 de mayo de 2011

Prisión Imaginaria

 

Porque de repente me he dado cuenta que eres tan grande como mis ojos quieren que seas. Ha llegado el momento de empequeñecerte por mi bien, y encontrar el camino como corazón solitario, y no compartiendo el alma con el fantasma del deseo, al que rozo con los dedos sin llegar a alcanzar. Por fin comienzo a estar a gusto en mi pecho espacioso, sin estrecheces innecesarias y sin sangrar lagrimas imaginarias.

Comienzo a saborear el regusto de descansar, de tus imágenes de alta resolución y tus videos en HD. Por fin en el tiempo puedo retroceder para poder verte tan solo en tus retratos de lienzos polvorientos y en tus videos de 8 milímetros. Fuiste la bella y calurosa estrella en la que he orbitado durante toda mi vida hasta que te has convertido en un cometa frio y pedregoso que desaparece sin más.

Siento estas cadenas cursis, como cada vez me aprisionan menos, y noto como esta celda llena de besos de piedra, se ensancha al ritmo de mis pulsaciones alegres y ruidosas. Los ojos se me despiertan después de años cerrados, desemperezando las lagañas traidoras que me encerraban en mi mente, mostrándome la película de tu vida, que aun sin salir ni en los créditos, mil veces me veía.

Respiro hondo el aire hediondo que ya no puedes corromper con tu dulce fragancia, y con una fuerza que las lágrimas me habían robado, me despojo de mis cadenas y sonrío al ver el techo de mi celda derrumbado.
Ya no me afectan tus sueños, ya no temo por tu presencia, ya no vivo para ti, ni quiero tu amor. Tan solo te he guardado en mi, un rinconcito que no puedo hacer desaparecer, es tu pequeño espacio en mi ser, que siempre he tenido y siempre tendré, ese espacio que incita al recuerdo, y que como de una semilla se tratase en cualquier momento puede florecer.

Zopenko Smith

martes, 12 de abril de 2011

En la Corte del Rey




Hubo una vez un sentimiento que daba vida al rey, el mismo que por el día le hacía estremecer, y que por la noche la almohada empapaba. Aquel sentimiento siempre había gozado del favor del rey, y era complacido con adorables rosas sin espinas y abrazos de oso. Pero llegó un día, en el que su almohada se rebosó de lágrimas, fue un día tenebroso para el sentimiento, pero mortífero para él. Aquel día se decidió, que aquel sentimiento no era bien recibido en la corte y por lo tanto fue expulsado inmediatamente del castillo. El sentimiento, sorprendido y con lo puesto nada mas, se vio mendigando en las afueras para sobrevivir.

El rey confiaba, en que el destino le traería otro sentimiento con el que poder olvidar al anterior, con el que poder sonreír en la sequedad de la cama. Pero pasó el tiempo, y ni destino ni sentimiento ni tan siquiera el olvido le fueron a visitar.

Pero entonces fue cuando lo oyó, fue cuando percibió una pelea en el exterior. En cuanto miró por la ventana lo supo, aquel sentimiento que meses atrás había desechado con lo puesto nada mas, había conseguido coronarse caballero a base de luchar contra valientes sentimientos rebosante de promesas, prohibiendo la entrada a cualquiera que se acercara. En aquel momento, el destino y el olvido luchaban a muerte con ese sentimiento, el que había sido grande y fuerte, el que creció durante años, el mismo sentimiento que parecía gigante a ojos del rey.

Fue entonces cuando de los entresijos de la muralla se coló el odio sin ser visto, escaló por la torre del rey hasta su ventana y le fue a hacer compañía en su dolor. Era el mismo personajillo que siempre que le visitaba, le cuestionaba todo lo que decía, se alimentaba del agua de sus ojos, y se reía de sus penas. Era un compañero incomodo, del que nunca te fías, pero el cual, como compañero conocido de toda la vida, no te puedes separar.

Detrás de las murallas la batalla había terminado, el destino y el olvido yacían abatidos, mientras el sentimiento más poderoso que nunca, atemorizaba a cada paso. El rey mandó refuerzos, pero sabía que con aquel sentimiento no tenía nada que hacer, no lo podía repeler, porque en el fondo el rey lo deseaba tener. Así que apenas sin sudar ni sangrar, el sentimiento volvio a compartir cama con su majestad.

Un tiempo después, aquél sentimiento ni mengua ni deja crecer, a echo buenas migas con ese odio insoportable y a conseguido que en la habitación del rey, la humedad vuelva a decorar la pared.

Zopenko Smith

domingo, 14 de noviembre de 2010

Sarah


La lluvia caía incesante en la ciudad dormida. Los ronquidos ensordecedores y malditos reinaban la casa, y Pepe que no podía dormir se removía en su habitación adormilado, medio soñando, medio despierto y jugando con las imágenes que deleitaban su mente. Aquellas imágenes que bailaban delante de él con alegría, penetrando en la oscuridad hasta invadirla.
Al día siguiente Pepe se tenía que enfrentar al primer día de clase después de un largo verano, eterno para él, ya que deseaba con todo su ser que llegara ese día. Era un día especial, un día que se había presentado ante él con torpeza y timidez, pero que al verlo respirar junto a él, parecía haberse presentado con prisas descuidadas.
La noche besó al día, en un beso largo, tendido y apasionado, que atemorizaba a las nubes hasta hacerlas desaparecer.
Los ojos de Pepe no se habían cerrado en toda la noche, pero igualmente consiguió mantener la habitación iluminada con sus sueños.
El cansancio parecía no hacer mella en él, no había dormido, no había comido, pero él se había alzado imperioso en su cuarto preparado para golpearse con la realidad. Se alimentaba de combustible diferente que los demás, un combustible llamado Sarah.
De camino hacia la escuela, y con sus últimas reservas, logró crearse una muralla inquebrantable en su mente. No era una muralla para defenderse del exterior, era una muralla que le encerraba en sí mismo, para evitar ser dañado, para evitar que, en un acto de plena locura, pudiera robarle un beso a su querida Sara. Aunque él lo estuviera deseando con fervor, aquél momento tenía que esperar, si quería conseguir su propósito tenía que escalar ese árbol con pasos firmes y seguros, o se podría caer y no poder escalarlo nunca más.
Pepe, sus pensamientos, sus sueños, su mundo y su muralla atravesaban la puerta del colegio con mucho tiempo de antelación respecto a las clases. Después de una larga espera, aligerada chapuceramente saludando a sus amigos. Sara hizo acto de presencia, pero no uno cualquiera, sino el acto de presencia.
Todo lo que ella tocaba parecía más bello de lo que era, con esa amplia sonrisa adornada con aquellas perlas blancas, aquella mirada serena y brillante, que rezumaba verde esmeralda para enamorar, y aquella cabellera que bailaba con el viento.
A Pepe se le heló el corazón, su muralla sufrió una gran sacudida y se encontró delante de ella, alimentándose de su sonrisa, bebiendo la leche de su piel, y habiendo dejado lo mejor para el final, se comenzó a bañar en aquél mar de esmeralda.
La muchacha se le quedó mirando con esa mirada curiosa, que a él tanto le agradaba, y cuando iba a regalarle algunas de esas palabras que Pepe guarda con sumo cuidado en su mente, él la calló con un beso.
Un beso dulce que le arrancaba lágrimas de felicidad, un beso apasionado que había construido un castillo en su muralla en donde vivirían para siempre, un beso breve, ya que duró hasta que ella se apartó y le abofeteó.
Cuando Pepe cayó al suelo, junto con su derruido castillo, su muralla destrozada y su cara sin un gramo de dignidad. La vio a ella de pie con cara de sorpresa, parecía que estaba a punto de ayudarle, pero su cara se convirtió en enfado y Sara se fue llorando con la confianza y la amistad de Pepe sangrando por el camino.
Pepe se puso de pie y se sacudió los pantalones. Todos se reían de él, pero para él todas eran risas mudas, risas en blanco y negro.
Se puso a caminar con paso firme, no hacia la calle, sino hacia la clase donde sabía que ella iba a estar. Una sonrisa se dibujo en su rostro recordando aquél beso que se había grabado a fuego en su alma, y comenzó a construirse otra muralla, esta vez mucho más fuerte que la anterior, que le serviría para poder empezar a escalar el árbol desde los cimientos sin caerse y a una velocidad jamás vista, porque ya se conocía el camino.

jueves, 9 de septiembre de 2010

El Cruasán


Ayer, comencé a currar como otro día cualquiera, saludando a mis compañeros, saludando a los clientes, y pasando rápido por delante del despacho del jefe para no verme llegar tarde. Después de esto pasó una horita haciendo mis quehaceres de trabajo y aprovechando para desayunar.

Y entonces fue cuando llegó, parecía notar temblar las paredes cuando se acercaba trotando hacia mí y justo cuando lo tenía delante de un manotazo lo oscureció todo. Un golpe en la cabeza me obligo a abrir los ojos, y lo vi todo de lado.

Me incorporé y miré a mi alrededor, por suerte nadie me había visto, miré a la pantalla del ordenador, o lo que se llame ese tubo verde-negro con carcasa, y comencé a observar las letras y los números, que pronto se convertirían en letrúmeros.

Un comentario de un cliente consiguió captar mi mermada atención “Ey jefe, vigílate a los empleaos que se te duermen…”, y suerte que mi mente brillante tuvo una reacción rápida dentro de la lentitud de mis actos “Perdone Sr. Francisco, no estoy dormido, estoy concentrao…”, y hasta ahí tuve la decencia de hablar cuando me dí cuenta que me había pillado con la boca abierta, con los ojos semi-cerraos y semi-mirando la pantalla en un punto fijo.

Ya no podía más, me fui al lavabo, me lavé la cara, me pegué una bofetada (de esas que suenan), y me dirigí de nuevo hacia mi puesto de trabajo (que en ese momento era lo peor que me podía pasar, estar sentado y con poca faena).

Cuando me senté, mi lugar de trabajo parecía más amplio y con más luz. Bien, parece que mi método despertador funciona. Me dispuse a copiar unos pedidos a boli, y de repente lo noté, aquél temblor que me acechaba, que se acercaba, que me echaba el aliento en la nuca…intenté esforzarme por abrir los ojos al máximo y me concentré sobremanera, pero mi escritura me delataba, lo que había comenzado con una palabra, se había metamorfoseado convirtiéndose al final en una línea.

Me levanté de aquél lugar tan tenebroso, huí de aquella bestia que no paraba de perseguirme, que todavía me podría estar acosando durante horas, me planté en el vestuario y cerré la puerta, echando incluso el pestillo, atemorizado.

Fue entonces cuando aquél santo grial se presentó ante mí. Como un recién nacido, en su cunita arropadito, un cruasán enorme acurrucado entre papeles de panadería, con unos cuernos que aterrorizarian hasta al torero mas valiente, con aquélla cremita por encima que brillaba con la luz fluorescente, con aquél tacto que podrías hacer fácilmente una bola dulce y sabrosa de mejunje cruasanil.

Si yo fuera creyente lo adoraría, me arrodillaría ante él. Si yo fuera cariñoso lo abrazaría con todas mis fuerzas hasta que esos cuernecillos se tocarán entre sí.

Pero en aquél momento me tocaba ser carnívoro.

Lo devoré, me lo comí, lo dentellé, se volatizo ante mis dientes, lo arropé con mi boca, lo succioné, lo descuarticé, y fue entonces cuando por fin pude abrir la puerta y afrontar lo que quedaba de día, tranquilo porque sabía que con mi mega cruasán protegiéndome no habría monstruo ni fiera capaz de acercarse.

PD: Por problemas técnicos con mi móvil, la foto original no la he podido subir, alomejor próximamente....

lunes, 30 de agosto de 2010

EL DON: Capítulo 1


CAPÍTULO 1: Despertar

Me incorporé en la cama sobresaltado, mi respiración era entrecortada y estaba sudando sin parar. Miré el reloj, todavía faltaba una hora para que sonase el despertador, miré de reojo la almohada empapada en sudor, y con un bufido me levanté de la cama. Estaba claro que no me apetecía volverme a dormir, así que por si acaso preferí prepararme un café. Fui al lavabo meé y me lave las manos y la cara. Por un momento me miré al espejo, mis ojos azules estaban teñidos de rojo y las ojeras parecían que me iban a invadir toda la cara, me volví a lavar la cara con agua abundante, por un momento pensé que de esa forma me desapareciera las ojeras, y antes de volver a mirarme me sequé y fui a por el café que tanto deseaba.

Estaba realmente enfadado, normalmente lo estoy cuando me tengo que levantar temprano, pero hoy tenía una reunión importante con el jefe de ventas de mi empresa, y tenía que estar completamente despierto.

Mientras saboreaba mi Winston humeante, me bebí el café que me calentaba las manos de una forma agradable. El otoño estaba bastante avanzado y a una hora tan temprana ya se notaba el frio. Me pegué una buena ducha, y después me puse un remedio chino contra las ojeras con aroma de soja.

Me vestí con mi traje negro Emidio Tucci, una corbata de seda natural en gama de azules, una camisa de algodón aloe vera y unos zapatos negros. Me puse gomina hasta que el color negro de mi pelo reluciera y unas gotas de colonia Hugo Boss y ya estaba preparado para enfrentarme a cualquiera.

De camino hacia el coche, que tenía aparcado un poco lejos de mi apartamento, iba pensando en la reunión con el jefe, no es que estuviera realmente alarmado, pero sí que cabía la posibilidad de que hubiera recorte de personal o alguna decisión importante. Últimamente las ventas no habían sido muy buenas y los jefes andaban mosqueados y aunque seamos unos de los principales vendedores de bombillas de toda Cataluña, cuando se pierde dinero se toman decisiones estúpidas.

Un sonido divertido me sacó de mi ensimismamiento, cuando abrí mi móvil de última generación vi que era un mensaje de Juan mi compañero de ventas:

“Ey nene, que haces que no estas aquí en la reunión, pero has visto k ora es? Pero no te dijeron ayer que la reunión se havia adelantao? Vente corriendo anda, que el jefe esta que exa humo”

Mi cara en aquel momento era para hacerme una foto, enmarcarla y llevarla a concurso. Rápidamente fui corriendo hacia mi coche que estaba durmiendo tal como lo había dejado la noche anterior. Desperté de golpe al Alfa Romeo, y lo enfurecí lo suficiente como para salir corriendo el doble de lo normal. Maldecía a gritos dentro del coche, mientras él zumbaba fuera. La oficina no estaba muy lejos, pero en pleno centro de Barcelona a las 7 de la mañana en coche, cualquier sitio estaba lejos.

Eran las 7:15 cuando aparcaba la maquina en el garaje y fui tan corriendo por las escaleras, subiendo los peldaños de dos en dos, que a punto estuve de caerme. Abrí la puerta del segundo piso y crucé como un cohete el pasillo hacia la sala de reuniones, y cuando abrí la puerta saludando precipitadamente y fui a sentarme en una de las tres sillas libres, levanté la mirada, hice una vista rápida y me percate de que todos mis compañeros estaban tremendamente asustados, y al mirar al director supe porque estaban así. Tenía una mueca en la cara que le revolvía el estomago a cualquiera, y su mirada desprendía tanto odio, que en un momento que le miré a los ojos sentía que me había pegado tal paliza que me había dejado medio moribundo.

Me había convertido en un ser inmóvil y tembloroso, junto con mis compañeros, cuando el director me dirigió la palabra.

- Te crees tú que estas son horas para llegar mequetrefe!!
- Perdona jefe, pero yo no sabía…ayer nadie me dijo…
- No quiero excusas Ordoñez, ya sabes que odio las excusas.
- Buff…Tranquilo jefe, no volverá a pasar.
- Que significa ese resoplido Ordoñy. No quiero que me vuelvas a vacilar, entendido!!!?
- Sí, señor.
- Jajaja, así me gusta que lo entiendas, igual que todos vosotros, lo entendéis verdad.- mirando a todos con aquellos ojos que mordían- Bien, aclarado este punto seguimos desde donde nos ha interrumpido Ordoñy.

La vena de la sien me palpitaba con rabia mientras controlaba los impulsos asesinos que me hacían reventarle la nuez, uno, dos , tres… y comienzo a tranquilizarme.
Las dos horas siguientes las pasé escuchando estupideces y sobre informándome de lo jodido que estaba el mercado.

En cuanto se acabó la reunión y todos se dispusieron a salir por la puerta…

- Juan y Ordoñez!- el jefe estaba medio sentado en la mesa de reuniones haciendo indicación con la mano de que nos acercáramos. – venid aquí que os tengo que comentar un tema.
- Si señor!- Juan y yo ya sabíamos la respuesta que siempre esperaba el jefe, y le hicimos caso y nos acercamos.
- Tengo una gran oportunidad para vosotros- estas palabras suelen ser el comienzo de un trabajo indeseable- Ey! No me miréis con esa cara, todavía no sabéis de que trata el asunto y parece que os vaya a anunciar una muerte!!- su cara intentó mostrarse más amistosa de lo normal, algo que me hacia estremecer- Vamos a hacer una cosa, tenéis hambre?-preguntó levantándose de la mesa y arqueando las cejas.
- Yo me muero de hambre jefe – dijo Juan, al que estaba claro que comenzaba a sentarle bien la repentina simpatía del jefe.
- Bueno sí, la verdad es que todavía estoy en ayunas- contesté sinceramente.
- Pues entonces está decidido! Ahora mismo nos vamos a un sitio que yo conozco. Ya basta de hablar de temas serios con el estomago vacio.
En ese mismo instante cogió su chaqueta y le comunicó a su secretaria que se iba a almorzar, ella asintió y nos despidió con una sonrisa. Bajamos por el ascensor en silencio. Yo miré a Juan preguntándole con la mirada sobre esa extraña situación, pero él parecía encantado con acompañar al jefe a almorzar, me imagino que se debiera sentir importante o se pensaba que estaba ascendiendo un eslabón en el trabajo con aquel hecho, algo que evidentemente era lo que quería el jefe que sintiéramos para poder así hacernos sucumbir a sus ordenes de una forma más sencilla.

El jefe nos dirigía hacia el garaje. Comencé a notar un cosquilleo por el estomago al darme cuenta de nuestro destino, desde que vi ese coche por primera vez el mes pasado cuando el jefe se lo compró, ya me quede embobado largo rato contemplándolo, y ahora parece ser que iba a ser testigo interior de los 360cv de esa preciosidad. Esas curvas comenzaron a tomar forma al acercarnos, el capó brillaba en la oscuridad, y los faros que me miraban se iluminaron con un pequeño sonido sordo.

Estaba bastante emocionado, y cuando estuve a punto de llegar al coche, el jefe abrió la puerta delantera y mientras se sentaba dijo con aquél horroroso susurro arrastrando la palabra “Seguidme…”, esa maldita palabra me devolvió a la realidad, cambiando la visión del Mercedes-Benz SLK 55 AMG por la de mi Alfa Romeo, que ahora parecía un juguete en comparación con aquella maquina atroz, y allí nos dirigimos casi arrastrando los pasos.

- Has visto que bien el jefe- dijo Juan con aire optimista- sabía que todo este tiempo trabajando incesantemente tendrían su recompensa.
- Juan, yo no me fiaría mucho - le dije con aire un tanto preocupado mientras el Alfa nos guiñaba el ojo.
- ¿Por qué? – me preguntó mientras abría la puerta del copiloto y se sentaba- ¿no has visto de qué forma nos ha hablado cuando no estaba delante de los demás?, eso quiere decir que nos tiene en consideración.
- Bueno, tu piensa lo que quieras- le dije resignándome mientras le inyectaba fuerza a Romeo- pero yo no me fio.
En cuanto nos metimos en las rondas el Alfa tuvo que sudar 95 sin plomo para poder dar caza al Sr. Mercedes.

domingo, 29 de agosto de 2010

EL DON: Prólogo


PRÓLOGO: El Infierno

El sonido infernal retumbaba en la sala abarrotada de gente, la oscuridad lo engullía todo por momentos, antes de que alguna luz endeble se moviera aleatoriamente. El grupo subido al escenario pronunciaba sonidos guturales que parecían tener algún sentido y movían las cabezas de arriba abajo con tal ímpetu, que parecía que se le fuera a salir volando de un momento al otro. La gente parecía endiabladamente enloquecida, y en el momento que la canción se repetía se liaban a empujarse unos a otros, y como me temía desde hacía rato los empujones llegaron a mí.

No sabía que hacia allí, en mitad de todos aquellos melenudos, pero de repente una ira creciente se fue apoderando de mí, todo mi cuerpo se tensó, y mis ojos se fijaron, desorbitados, en el puto gilipollas melenudo que me había empujado. Mis puños se cerraron, corriéndome sangre por las manos, y comencé a soltarle puñetazos sin parar. Se cayó al suelo y se intento proteger con las manos, pero yo había entrado en puto frenesí, e incluso me creía que le estaba pegando al ritmo de la música, cuando note un fuerte golpe en la cara, y un momento en el aire antes de caer al suelo. Cuando levanté la vista, dos tiarrones melenudos me miraban con esos ojos llenos de fuego, estaba claro que el gilipollas no había venido solo.

De repente, me veía rodeado de melenudos llenos de odio que me querían pegar, no pegar…¡¡¡sino matar!!! Todos los ojos de los que me miraban con desprecio se habían convertido en fuego, destellos brillantes azulados, negros y rojizos se consumían en pleno odio contra mí, y yo allí tumbado sin saber cómo narices había llegado hacia esta situación, cuando ese momento de silencio inhóspito fue interrumpido por uno de los melenudos que me chafo la cabeza contra el suelo de una patada, y todos los demás le siguieron. Notaba miles de punzadas de dolor recorriéndome todo el cuerpo, por un instante llegue a ignorar el dolor de lo entumecido que lo tenía todo, pero pronto llegaba intensificándose mucho más. Esos minutos, mi cuerpo los había traducido en horas, y me sentía exhausto cuando justo acabaron de pegarme, no sé si por aburrimiento, por cansancio o incluso por pena, pero, de momento, podía respirar, algo que 5 minutos antes no hubiera asegurado que sucediera.

Me intente mover, pero difícilmente lograba mover ni un musculo. Ellos se reían a carcajadas escalofriantes, cuando un melenudo con la cara llena de sangre, que por un momento pensé incluso que fuera mía, me cogió con fuerza por el pescuezo y me dijo con una voz áspera “Acabas de firmar tu pena de muerte chaval”, y seguido me escupió en la cara y en un momento sentí una punzada de dolor en los huevos, que me subía por el estomago, y un golpe en la cabeza que me acabó de rematar.

No sé cuánto tiempo había estado inconsciente, pero cuando desperté tenía los ojos tapados, y las manos atadas. Escuché mucho alboroto a mí alrededor. Parecía que estaban preparando algo. Abrí la boca, para intentar pedir clemencia para lo que quieran que fueran a hacer, pero no podía, noté un gran charco de sangre en la boca, y la escupí, pero para mí horror no podía pronunciar palabra, no tenía lengua, parecía que estaba allí, pero no estaba.

El alboroto comenzó a crecer, comenzaron a gritar “Ey, que ya se ha despertado”, “Mirad como se retuerce”, “¡¡Venga joder!! Vamos a comenzar con lo bueno de una puta vez” y otras palabras ininteligibles.

Comencé a inquietarme verdaderamente, de hecho comencé a sollozar en cuanto escuché el sonido de una moto sierra acercándose y la gente gritando, parecía que estaba llegando a su máximo apogeo.

El sonido se fue acercando y acercando, el terror más profundo me estaba invadiendo, cuando noté un tirón que me arranco la venda de los ojos, a la vez que la hoja de la moto sierra respiraba en mi cuello, escuché como de mi garganta sonaban sonidos y chillidos irreconocibles y desesperados, la gente reía sin parar, y el hombre de la moto sierra se me acerco y me susurro “Esto es lo que pasa cuando te metes con los Diabblos”.

Y con una risa malvada comenzó a cortármelas orejas, un dolor punzante, un pitido y entonces comencé a perder el conocimiento, y en mi último suspiro pude ver como el de la moto sierra se arrancaba la cara, y de debajo salía un cráneo con los ojos llameantes y de su boca salió una llamarada que…

jueves, 26 de agosto de 2010

El Colegio Público de Horrores




Hace mucho, mucho tiempo un niño normal y corriente con 11 añitos en su haber, (el cual ahora considerarian enfermo mental, obligado a ir a un psicólogo durante toda su infancia y alejado de sus padres por pensar en sangre, vísceras y demás exquisiteces, y que por suerte en aquella época no estaba mal visto), se inventó esta historia para "Castellano", y aquí la plasmo con toda su belleza (esas faltas ortográficas que escuecen en ojos, orejas, nariz y cabellera...)

Historia de Terror
El Colegio Público de Horrores

Havia una vez un niño que se llamaba Jorge. Los padres de Jorge querían que se cambiàran a otro colegio que se llamaba C.P. Horrores. Sus padres decían que el colegio hacia broma con el título y por eso cambiaban el nombre cada año peró en realidad se llama C.P. Terrassa, su padre lo dijo por decir porque eso no es verdad. Sus padres querían que se cambiara a ese porque estaba cerca y era gratuitas las clases. Entonces el primer dia de colegio, vio que todos los niños estaban disfrazados de Horrores, también lo estaba el profesor. Quando entro Jorge todos los Horrores se quedaron mirándole. Lo peor es que no había ni patio, ni te dejaban libros, solo había una clase y no había Biblioteca.

El niño se extrañaba bastante.

Los niños hacían bromas como: ponerte el pie para que té caigas de morros, té daban puñetazos lo peor de eso és que los profesores no hacían nada. Cuando faltaba poquíssimo para salir me castigo el profesor por estar callado. Me castigarón en el pasillo. En el pasillo intentaba buscar la salida porqué por donde yo había entrado había pared y ninguna habitación. De pronto encontré una habitación en la puerta decía comedor. Entre y todo estaba lleno de sangre y también de cabezas de niños cortadas. Al lado de las cabezas de niños ponía comida pasada no comer, entonces se asusto mucho cuando fue corriendo para salir de pronto se cerró la puerta. Entonces se dio cuenta de que una de sus cabezas era la de su hermana que desapareció hace 7 años. Cuando estuvo unas 3 horas apareció un dragon que traspasaba las paredes. Un dragon real. Entonces el dragon le hechaba fuego y Jorge con suerte lo esquibava. También se oian voces que animaban al dragon. De pronto el dragon desapareció y aparecieron los Horrores que estaban alegrados y decían gritando.

- Ha comer! Ha comer!

Entonces comprendí que se comían a los niños. Se dieron un buen banquete y la comida del banquete se llamaba “Humano asado” y entonces siguieron matando niños y haciéndose banquetes.


FIN






Espero que hayais disfrutado de esta obra maestra, remasterizada 14 años después, tanto como yo al intentar traducirla del original. XD.


Un saludo


Zopenko Smith

sábado, 12 de junio de 2010

Adiós Cálico!


La lluvia cae incesante, abofeteándome la cara. Mi silencio perpetuo recuerda poemas sin sentido que dibujan una sonrisa burlona en mi rostro, y mi mirada perdida se encuentra con una tumba incolora y triste todavía vacía, que espera al que será su dueño para siempre.

Me paseo tumba por tumba, reconociendo nombres inolvidables: José María Aznar “Lobombre para los nocturnos”, Manuel Muzas “Gracias a él sabemos que los patitos de goma también tienen sentimientos”, Carlitos Jack “Con Ardorín aprendimos que una persona puede tener más de 100 nombres”, Perchita “Hijo bastardo de Guti”, y muchas tumbas más que parecían haber crecido con la lluvia.

Sin darme cuenta, había vuelto a la primera tumba, la más grande de todas. Estaba claro que Cálico necesitaba urgentemente ponerse a dieta, pero ahora ya no le hará falta. En la placa de piedra yacía una mordaza de S&M y un látigo de cuero, un libro de poemas de los más informales, miles de aparatos que ya no le harán falta y una foto rodeado de muchos superhéroes y villanos.

Grabado en la piedra: Cálico Jack “El superhéroe más bajo, más gordo y divertido que hayamos conocido nunca”.

Una sonrisa se volvió a dibujar en mi rostro, una sonrisa que se convirtió en carcajada y a la vez en llanto carcajal. No podía evitarlo más, todos esos recuerdos desternillantes me invadían. Paso a paso, entre carcajadas, recorrí todas las tumbas que me separaban de la salida recordando los buenos ratos compartidos en estos 6 años. Al salir giré la vista y en letras grandes y llenas de enredaderas se podía leer “Nikodemo Animation Cemetery”.

Me voy, no por el camino de vuelta, ya que no quiero volver atrás. Sino que sigo por el camino por dónde probablemente podré conocer fábricas de mundos tan grandilocuentes y cachondos como el que nos ha brindado el Sr.Niko.