lunes, 20 de febrero de 2012

Gota a Gota



Una gota tras otra retumba en mi cabeza proveniente del piso de arriba. Una cámara me está grabando como pierdo la vida poco a poco, o eso cree el que me capturó, porque si me hubiera querido matar gota a gota, me habría tenido que afeitar y sujetar bien la cabeza, cosa que no ha hecho. Pero lo que más temo es la grieta del techo por donde cae el agua, parece que poco a poco se vaya haciendo más grande. En esta hora que llevo despierto, parece que haya crecido unos centímetros, tiene pinta de que cada vez crecerá más rápido.

El tío este parece tan predecible, aún me veo paseando por la calle, en uno de mis paseos nocturnos habituales, y como torpemente un hombre me golpea en la cabeza con un bate, si, el mismo que reposa apoyado en la pared de al lado de la mesa del comedor. Me habrá arrastrado hasta aquí, me habrá sentado y se me ha puesto a grabarme, seguro que se masturbara viendo como muero, o eso creerá porque yo no voy a morir, al menos hoy.

Me ha atado fuertemente, no puedo escapar. Comienzo a pensar que moriré aquí, sin poder besar a mi mujer por última vez o abrazar a mi hijo con todas mis fuerzas…

El suelo bajo mis pies se derrumbó y caí. Tirado en el suelo, solo pude ver sangre que provenía del cuerpo que yacía bajo la silla, y un monitor en el que se veía una habitación vacía con un agujero en el suelo. Un montón de gente muda me observaba, un cartel que ponía “The Saw Smile” reinaba el comedor, y mi hijo se dirigió al cuerpo inerte bajo la silla, diciendo “Mamá, mamá”. Entonces una gota volvió a caer sobre mi cabeza.

Zopenko Smith

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domingo, 12 de febrero de 2012

¡Que me Parta un Rayo!



Que me parta un rayo, a ver si así consigo tener poderes, y de entre todos ellos poder tener el de matar de risa. Me imagino siendo un payaso diabólico con una sonrisa estridente y miles de caras alrededor mío vestidas de horror y miedo, entre carcajadas crueles y despiadadas. Hasta conseguir que sus muecas les hicieran sangrar en la piel, hasta que sus risas les dejaran sin respiración, hasta que sus ojos sobresalieran de sus orbitas para hacer puenting por encima de sus narices.

Pero está claro que si me parte un rayo no me dará poderes ni nada por el estilo, vamos como si estuviéramos en una serie británica dirigida por Tom Green. En todo caso, si me parte un rayo me electrocutaría del poder del rayo y me podría ir saltando por la ciudad, eligiendo entre hacer el bien y hacer el mal, con bombas de electricidad, y chutándome con líneas de alta tensión para poder agrandar mi poder.

Pero está claro que si me parte un rayo no me dará poderes electrocutantes, vamos como si estuviéramos en un videojuego de Sony y yo fuera el monigote que cualquier desconocido pudiera manejar a su antojo. Que me parta un rayo si me pasa alguna de esas cosas, y que mi ser se divida en dos partes iguales de mi, para poder hacer doblemente el bien allá donde vaya… pero que horror, como si no tuviera suficiente con entenderme a mí mismo, como para intentar entender a otro como yo, que en realidad es como si fuera parte de mi, pero que no soy yo, aunque lo fui… da igual, en todo caso si un rayo me atravesase, ni tendré poderes raros ni eléctricos ni me dividiré … pero … y si …

Zopenko Smith 

domingo, 5 de febrero de 2012

Palomitas



Entre palomitas de besos y abrazos, versos y trazos luchan por los oscars de entre tu pelo. La arena cristalizada me mira en 3D, yo me congelo, pero aun sin verte te veo en blueray. En silencio me desespero y con tu calor me reinicio, mofletes de bebé...llenos, grano de maíz…en cueros.

Zopenko Smith 

miércoles, 18 de enero de 2012

Niños Asesinos



Me deslicé por entre la puerta abierta, y una clase abarrotada de nervios se me apareció. Moviéndose de un lado hacia el otro, formaban un murmuro constante que rebosaba por las ventanas abiertas.

La figura del diablo caminaba atemorizando a cada paso. Su sonrisilla malvada dibujaba una mueca rara en su rostro y su voz resonó para indicar el fin de nuestros recuerdos escritos.

Hoja a hoja, lentamente, un dominó de palabras juiciosas invadían la clase. Cuando las leí, fue cuando pasó. Justo en el momento en el que comenzaba a recordar, tres niños con cuchillos entraron en aquél infierno. Nos amenazaban furiosamente, con su cuchillo en el pescuezo. Poco a poco regalimaban pequeñas lágrimas infernales por aquél cuchillo temeroso, mientras tanto, intentaba recordar…

Los otros dos niños merodeaban por clase, endiablados, haciendo ruido y destrozándolo todo. Pero aquel niño me miraba fijamente con ojos de rabia, mientras mi vida jugaba con su hoja carmesí. Comencé a recordar… en mi mente desierta comenzaba a lloviznear.

De repente, un trueno atroz e ideal, partió la clase en dos. Dos niños cayeron por aquella enorme fisura, pero el que me amenazaba todavía me miraba con gran odio y rencor.

Le miré a los ojos, y me di cuenta que tan solo era un niño. ¿Qué diablos iba a hacer con un cuchillo, sino creer que juega?, así que me relajé e intenté conversar con él. Pero cuando me fijé bien, no lo pude evitar, cogí el cuchillo por la hoja, bien sujeto, de forma que aquella cruel hoja despiadada de plástico me hiciera un pequeño corte inocente.

Sonreí al chico y lo cogí de la mano. Me fijé que el otro niño todavía vivía, sujetado a la repisa estaba suspendido en el aire. Lo ayudé a subir, y también lo cogí de la mano, y juntos, se los entregué a aquél tío con dos cuernos malpeinados. El tío tenía la paciencia de un santo, puesto que por lo menos tenía a cien niños calladitos y buenos a su lado.

Ahora solo el silencio de pocos reinaba la sala, y yo, tranquilamente y con una sonrisilla de niño de feria grabado en la cara, me dispuse a salir por aquella puerta gigante, que otorgaba la libertad.

Zopenko Smith 

sábado, 31 de diciembre de 2011

¿Yo?



Esta es una descripción abstracta que hice de mí. Era una propuesta para un grupo literario en el cual participo, y la idea era que nos leyéramos al azar el texto de un compañero y adivinar quien era.

Soy un hombre de pie, fumando un cigarrillo mientras me rio de la gente al pasar. Despiadado y cruel con la violencia a ras de piel. Un gusano recorre mi pie, y parece que me mire con cara de asco, parece que sea yo teniendo un buen día.


Recorro su pierna por dentro del pantalón, penetro en su carne desnuda justo por encima del talón. Escucho su rugido y sonrío, ¡Calla canalla!, Te lo tienes bien merecido.

¿Quién soy? ¿El malo fumando o el gusano penetrando?

Soy un gato que juega, con su pelota de hilo, con sus garras no deja pasar esa pelota que viene y va. No tranquilos, no soy un pelota, pero siempre que puedo, disfruto al jugar. Se acerca un pájaro bailón, que danza con sus plumas acolorás. Pájaro rojo, eso conmigo no te va a funcionar, ya lo sé gato jugón, porque en realidad tu eres yo.

Bailo y bailo con mis plumas rojas de pasión, buscando la pájara que me alivie bajo el jubón, pero solo encuentro un puto gato, que se divierte un rato, maldito jugón. Pues ahora te quito la pelota y bailo encima de ella, solo me falta una sala grande para que aparezca la más bella.

¿Quién soy? ¿El gato jugón o el pájaro bailón?

Unas piernas eternas se esconden bajo el mar de plata, y la cabeza del flamenco va tranquila a buscarlas. Aprovecho para alzarle una pata, y me rio con el ruido de su zambullido.

Soy su vecino y por supuesto tengo más ritmo, odio su color rosado, y solo lo vería bien asado… mmmm. Pero con solo un estruendoso haz de luz, ya formo parte del pasado…

Una tormenta de rayos eléctricos sacude el cielo. El flamenco y su vecino mueren electrocutados. Unas olas enormes rozan las nubes, mientras un mono chulo con gafas de sol surfea. Si, ese mono soy yo, y ahora mismo estoy sodomizando a esta gran marea.

Paro de tocar esta guitarra que chorrea, se tranquiliza el tiempo, y luego vendrá la calma, lo presiento. Dejo la guitarra, pues no soy yo quien la agarra. Me sacudo mi cuerpo peludo y me tiro en la arena, este sol solo quema, y yo con estos pelos, no me pondré moreno, ¡Qué pena!

¿Quién soy? ¿El desconocido zancadilleando o el mono surfeando?

Os miráis, me miráis, os miráis, miráis al que está mirando lo que lee mientras yo le miro… ¿Quién soy?

No os tendré más en vilo, en realidad soy un comerciante mercante. Y en este momento, os acabo de vender este texto cargante. Podéis creer que os he timado, y así es, de verdad que lo siento, pero ahora tengo bien guardado, estos cinco minutos de vuestro tiempo.

Zopenko Smith