sábado, 21 de febrero de 2015

Tiempo de Sueños



Hoy es el día. El día en que ya no creo en monstruos ni en princesas. Mis aspiraciones de dominar el mundo se han esfumado. Las pequillas sonrojadas han desaparecido. Las alianzas han muerto antes de nacer.

Cazando fantasmas he sido cazado enmudeciendo mis sonrisas. Las cosquillas no encontraron salida en este laberinto de algodón. Los viajeros del tiempo ahora son mis demonios. Mis temores me han vencido por haberlos subestimado.

La vida efímera es mi recompensa. La muerte eterna es mi recuerdo. Más vale sueños perdidos que pesadillas reales. Más vale palabras escritas que falsas ilusiones. ¿Las mariposas de fuego queman de verdad? Salidas del horno y con fecha de caducidad. ¿Las pajaritas de terciopelo existen en realidad? Suaves y alegres llenas de maldad.


Despierto. Mi habitación se muestra ante mí. Abandonada durante dos semanas. Fría y triste me sonríe. Mi cama me intenta devorar. El Sol decora mi ventana. Mis dientes se desperezan en mi boca. Mi sonrisa lucha por salir. Le ayuda un muñeco gigante de nubes de golosina. Los sueños, sueños son. La vida está salpicada de ellos. Y los prefiero mil veces que la vida que no es vida. Me levanto y a carcajadas recuerdo la felicidad momentánea de aquellos momentos juntos que nunca hemos compartido. Miro el cielo azul y lo intento alcanzar con mis manos torpes e impacientes. El aire bajo mis pies cede ante la gravedad. Ya no puedo volar. Unos arbustos me acogen en su seno. Busco una cabina y corro hacía ella. Por fin podré volar como superman, pero la cabina desaparece sin más.

Zopenko Smith '15

lunes, 8 de diciembre de 2014

Hambriento




Salgo de mi casa de un portazo, que apenas escucho gracias a Arctic Monkeys. Comienzo a caminar en mi videoclip disfrutando de mi propia banda sonora. Hace sol y aunque haga frío el calor lo pongo yo. Poco a poco me deslizo por la calle como un gato, desconfiado y mirando a mi alrededor.

Últimamente la soledad me apodera más de lo que me gustaría, y mi ansia por el calor de alguien me abruma. No son pocas las desconocidas que han estado en mi cama imaginaria, y son todas las conocidas las que han descubierto mi lado más salvaje, desgraciadamente de una forma también imaginaria.

Pero aquí estoy yo rebosante de vida. Esperando mi oportunidad y olvidándome de todo. Siento como me muero de hambre y no encuentro nada que comer. Estoy en un desierto soñando con oasis que no existen. Mis labios están resecos indefinidamente y ni siquiera llueve.

Mi danza de la lluvia asusta a las diosas y ellas por venganza hacen que salga el Sol. Me lamento y miro al cielo, pero este me devuelve el calor de las quemaduras en mi piel. Quemaduras que me recuerdan que no estoy en una pesadilla, sensación que me ata a la realidad.

Mirando al suelo paseo, inmerso en mi interior. Ni mi alma consigue vagar porque se ha convertido en un puzle sin hacer. No sé qué hacer, no sé en qué pensar, ni sé a dónde ir, y a la vuelta de la esquina un bar.

Una birra por favor. Y ésta baña mi garganta, despierta mi hambre y renace mi sed.

Me fijo en una mujer rubia, más o menos guapa y que sonríe mientras habla por teléfono. Algo en ella me enamora, últimamente es extraño que cualquier mujer no lo haga. Cuando se guarda el móvil en el bolso me acerco y le hablo. Le digo la típica gilipollez que le dices a una desconocida a quien te quieres follar. Ella sonríe. Me siento. La hago sentir cercano sin parar de hacerla sonreír. Todo es genial. Nos miramos y sabemos dónde estaremos dentro de un rato.

En cuanto cierro la puerta bailamos la danza de desnudarse sin parar de besarnos. Supero la fase del sujetador con habilidad, pero al quitarme los tejanos me tropiezo y casi me caigo. No tardamos en volvernos a enganchar como animales salvajes. El calor nos envuelve en mi fría habitación, las paredes y los muebles comienzan a sufrir nuestra pasión, pero es mi cama la que se lleva la peor parte. Ella chilla como nunca y me gusta, y la chica disfruta en silencio de los estiramientos mientras pienso en acabar con su silencio.

Después de saberme el mapa de su cuerpo, y aun hambriento, la devoro como un carnívoro. Me siento como un troglodita pero sin nada en las manos y es cuando no respondo de mí…

Soy un hombre lobo y acabo de romper mis grilletes y escapar de mi celda.

Nada me detiene. La miro fijamente y consigo romper su silencio. La trato casi con violencia, ella enloquece y yo muerdo. Mi pelaje se vuelve sudoroso y pasan las horas. El efecto desaparece.

Tranquilo y humano, la abrazo. Ahora todo es frío. Una mujer desconocida invade mi cama. Aun así le mendigo cariño y me siento pobre. La abrazo y cierro los ojos, escucho un ruido y me giro.



Abro los ojos y allí esta él. Altanero y musculoso. Ella guarda el móvil en su bolso y le sonríe. Se besan y se van. Miro en frente. Mi birra agoniza. Otra más por favor.


Zopenko Smith '14

martes, 2 de diciembre de 2014

Volveré a soñar pero sin manos


Es cuando tu alma acaricia la mía, cuando te diría todo el tiempo que he pensado en ti. Tú sonríes. Yo tiemblo, no quepo en mí, soy feliz. Si tú supieras las veces que he soñado en este ahora, en esta mirada, en esta sonrisa, en este momento. No te extrañaría que me desmaye, que tiemble, que te dijera palabras inentendibles que tú entendieras por tonterías.

Me tienes aquí delante nervioso con la sonrisa de un niño como bandera mientras disfrutas como me deshago. Te acercas. Con esas manos suaves y graciosas acunas mi cara con suma delicadeza para deleitarte de cerca, para calmarme con tu fuego.

Es en ese momento cuando todo se agita. Todo se acelera. Nuestros labios se tornan salvajes queriéndose cazar el uno al otro. Mis manos se sumergen en las olas espumosas de tu mar embravecido y nadan buscando tierra prometida. “Savia bianca e pura”* sobre sale de mis manos que bajan a la costa a esconderse.

Tu mirada me mata. Tus zafiros se infiltran en mí y me destruyen. Tu cuerpo se vuelve fuego y yo exploto.


Mi respiración entrecortada me delata. En la oscuridad el humo se desvanece. El fresco de la calle inunda la habitación. Poco a poco el sueño me vence y sonrío. Volveré a soñar pero sin manos.

*Arena blanca y pura

Zopenko Smith '14

jueves, 24 de enero de 2013

Noche de Perros



La noche despejada arrancaba tiras de piel del cuerpo, mientras abrigado paseaba Juan por las calles. La luna se alzaba prominente casi apoyada en un tejado, y el sonido de un gato maullando se percibía.
No sabía lo que le había empujado a dar aquel paseo nocturno, de los que él no acostumbraba hacer, pero en su casa las ideas, la imaginación y la invención se amontonaban en su mente, y en la habitación donde llevaba horas intentando conciliar el sueño estaba impregnada de él.

Tenía frío, su ropa no era suficiente para refugiarse de la brisa helada que parecía traspasarle como si fuera un alma en pena que vagaba. Pero le daba igual, pues necesitaba de ese espacio para poder hacer volar su cabeza hasta las estrellas, y para que todo su mundo interior se proyectara utilizando el cielo de pantalla.
Solo sus pasos se repetían en las calles, y fueron estos mismos los que le condujeron hasta el puente de aquel pueblo, el mismo donde algunos días se detenía para observar la afluencia del río, del cual ahora solo escuchaba. Posiblemente él ayudaba a que éste subiera, pues sentía como se deshacía.

Prosiguió con su paseo, el pueblo terminaba, y el bosque lo comenzaba a cubrir con su techo de árboles y sus paredes de troncos. La oscuridad se abalanzaba sobre él cuanto más se alejaba del pueblo, hasta que sus ojos derrotaron a aquella ceguera temporal que le permitía distinguir bultos.

El camino lo conocía, puesto que de niño siempre jugaba en él, y poco tardó en encontrarse con una casa semiderruida. Hacía meses que Juan no pasaba por allí, demasiados. La casa no era ni la sombra de lo que había sido, la maleza había cubierto el exterior casi por completo de madreselva y parecía que la agarrase en su regazo. La casa a gusto entre ramas, parecía haber muerto en esa posición.

Juan entró sin pensarlo, aun viendo como los recuerdos salían de ella como seres vagando, arrastrando los pies en cada paso, con su mirada gélida e inexpresiva. Llevaba tiempo pensándolo, ya no podía aguantar más. Desde aquél día no había vuelto a pisarla, y desde entonces las pesadillas y el insomnio se habían apoderado de él.

De repente, al entrar escuchó un ruido, Juan asustado, se quedó quieto y callado, y notó como algo se abalanzaba sobre él. Cayó al suelo y lo vio a él, no se lo podía creer, rápidamente se escabulló de sus brazos y comenzó a correr. Juan se levantó y comenzó a perseguirle gritando su nombre.

Las lágrimas se agolpaban en sus ojos y se resbalaban por su mejilla, dejando un haz mojado a su paso, Juan sonreía. Jackie entró en el pueblo y Juan intentaba alcanzarlo. Jackie se detuvo delante de una puerta, y Juan lo abrazó con todas sus fuerzas. Pero solo notó frío en su abrazo, de hecho, solo notó como se abrazaba a sí mismo.

Jackie estaba mirándolo a su lado con pena y le ladraba en silencio mientras parecía que señalase la casa a donde había parado. Juan miró dentro y se dio cuenta que había gente en el patio. Comenzó a escuchar unos alaridos y se percató que lo que en realidad estaba vislumbrando era el parto de una perrita. Se volvió sonriente hacia Jackie para corroborar sus sospechas, pero éste ya no estaba.

Su sonrisa cesó, pero un pequeño sonido captó su atención y algo comenzaba a olisquearle el zapato, y al mirar se topó con un Jackie en miniatura que confirmaba sus sospechas.

Zopenko Smith '13

domingo, 11 de noviembre de 2012

Al Final del Pasillo




Manolo subía las escaleras con decisión y con rabia, sobre todo con rabia. Todavía maldecía como su querido socio le había puteado lo suficiente como para que a él le castigaran por moroso y al benefactor le mamaran las pelotas dos mulatas en el caribe, dos caras de la misma moneda.

El apartamento donde se dirigía estaba en un quinto y el ascensor estaba averiado, así que nuestro protagonista ya se encontraba en la cima mirando cara a cara al suelo y luchando con el aire para arrebatarle bocanadas apresuradamente. Por mucha rabia que tuviera su cuerpo no le haría olvidar tantos meses de inactividad, estaba claro.

Lo había pensado durante la noche, estaba de mierda hasta el cuello, necesitaba la pasta urgentemente, así que, ¿que mas le dará a la pobre vieja con la que me encuentre quedarse sin unas joyas o algunos billetes de los cuales él le iba a hacer mejor uso?, además, se iba a encontrar con un joven encantador que le sonreirá mientras le limpia la mierda amablemente.

Manolo picó a la puerta y se sorprendió al ver como la ésta cedía tímidamente y la acabó de abrir. Entró poco a poco, arrastrándose por la entrada como un ladrón en medio de la noche. Pero no estaba en el papel de ladrón ahora mismo, sino el de cuidador amable y responsable. “Perdone!!!! Señora!!!? Vengo del ayuntamiento a cuidarla….”

No obtuvo ninguna respuesta por parte del apartamento, así que se dispuso a buscar a la pobre mujer, a lo mejor le había dado un ataque y se la encontraba muerta en el suelo. Delante de él apareció un pasillo largo y lúgubre, hasta que, tanteando, se hizo la luz, la cuál lo dotó de tres puertas a la izquierda, las dos primeras estaban entreabiertas y la última cerrada.

Manolo entró en la primera puerta, picando con rotundidad a la puerta y gritando señora!, nada. Entró en la segunda puerta, le dio al interruptor de la luz, pero al parecer la bombilla estaba rota, la tenue luz que desprendía la televisión encendida iluminaba una sala de estar que esperaba ansiosa algún ocupante que viera lo que el aparato le ofrecía.

Cuando Manolo fue a salir de la sala de estar, un chasquido le sorprendió por la espalda y una musiquilla estridente comenzó a sonar, el corazón de Manolo había experimentado un giro de montaña rusa de 180º y ahora yacía volcado sobre el pecho de su propietario mientras se le derramaban los nervios por la voluptuosa barriga hasta llegar a los pies temblorosos.

La caja de música parecía reírse burlonamente del cuidador, mientras su bailarina giraba poco a poco. De un porrazo cerró la caja, enfadado consigo mismo y con aquella labor que le esperaba, al parecer, al fondo del pasillo. Pero ese supuesto enfado se le pasó al instante al pensar lo que estaba cerrando, abrió la caja de música y miró debajo de las faldas de la bailarina, y allí estaba la joya.

Nunca había visto nada igual, aquella joya parecía resplandecer por encima de cualquier joya existente, su tacto era cálido y hacía estremecer el cuerpo de cualquiera, con aquél acabado tan singular y aquella forma tan excelente.

De repente, un ruido le arrancó de su ensimismamiento y le volvió a la realidad. Dejó la joya y se fue a investigar. Por fin se habría despertado la vieja de su casi último letargo. Salió al pasillo y continuó llamando a su vieja, pero al pasar por la tercera puerta, algo le llamó la atención, estaba abierta, así que entró con cuidado, encendió la luz y ante si se mostró, un grande y amplio vestidor.

Volvió al pasillo, y se fue al final, encendió la luz, y se encontró delante de un amplio comedor, las persianas estaban cerradas, así que las abrió cansado de tanta oscuridad. El color de la luz del día tornaba el apartamento más acogedor. Con el silencio percató un murmullo que provenía de una puerta a un lado del comedor, poco a poco se dirigió hacia allí, parecía que era un hombre hablando airadamente, y al parecer otro discutía con él, según se acercaba a la puerta murmuradora,  escuchaba la conversación con más claridad, ahora se escuchaba que se peleaban y ambos repetían el nombre de una chica…

Picó suavemente a la puerta y Manolo se coló por ella diciendo  “perdón, ¿se puede?”, no obtuvo respuesta. En la radio los dos combatientes enamorados yacían en el suelo y la mujer había aparecido en el acto riéndose de ellos y presentándoles a su nuevo novio, más guapo y corpulen….pic, sin el ruido de la radio, intentó entablar conversación con aquella sombra que yacía en aquella silla sin obtener respuesta.

La luz no iba, así que subió las persianas y vislumbró  una mujer aparentemente dormida en su silla. Los zarandeos amables se tornaron a fuertes y violentos. Confirmo lo que pensaba, seguramente le habría dado un ataque al corazón o algo por el estilo, así que  tenía completa vía libre para robar las joyas, para luego llamar a la ambulancia para que viniera a buscarla.

Después de apropiarse  de aquello tan preciado, se dispuso a llamar a la ambulancia. Se apoyó en el ventanal que daba las vistas de todo el pueblo que se desperezaba, mientras se reía del vuelco que le había dado el día, que ahora le sonreía mientras notaba como esa mala suerte que le venía arrastrando durante días, retrocedía gracias a las joyas de aquella pobre mujer.

A ver, teléfono de emergencias… uno…uno…….de repente no podía respirar, algo transparente le oprimía la cara con fuerza, y una embestida por detrás le tumbó, parecía una tortuga boca arriba, no podía moverse ni hacer nada, el aire le faltaba, el corazón había tomado otra vez la montaña rusa, podía ver como pasaba algo raro en su asiento del vagón y como aquel cinturón se desabrochaba y él caía desde lo más alto disparado. A lo alto, alejándose, un hombre sin rostro sonreía en aquella montaña mostrando el cinturón que le había sujetado a la vida durante muchos años. Lo de abajo se acercaba apresuradamente, un cuerpo inerte bañado en sangre yacía en el suelo, Manolo se acercaba a él con rapidez. El cuerpo mucho a mucho iba tomando la forma de la vieja, pero esta vez con la cara llena de sangre, fue entonces cuando lo entendió todo, puta crisis…

Zopenko Smith